Sintió la llegada lenta del invierno y rugió cansado una nueva sonrisa. Atrás quedaban ensombrecidas las pasionales luchas verbales. Los incentivos, estímulos y bloques semánticos volaron por los aires con un único fin: Revolución.
De llorar no sabían sus ojos porque crecieron en un hábitat cargado de excitante sequedad parda y aunque el corazón podía estallarle a fuerza de tanto sentir, no era la ternura su máximo exponente vital.